domingo, 6 de junio de 2010

El talento perdido.



La mediocridad es como una mancha de aceite que se extiende de forma continua. A una sociedad mediocre le corresponden unos líderes mediocres nacidos de esa misma mediocridad, me gusta hacer las preguntas al revés, de verdad creemos que nuestro mundo es tan ilustrado para merecerse políticos de mayor altura que Rajoy o Zapatero. Uno convertido en niño que sueña despierto y que tiene como afán acariciar la Moncloa ahora que las encuestas le dan por ganador, a pesar de tener una mancha resistente a cualquier estrategia conservadora, la corrupción no se va con Ariel. Rajoy se pellizca no vaya ser que esto sea un sueño y vuelva a perder a la tercera. Zapatero es como un pato mareado, que ha acabado por desquiciar a todo el mundo, su voluntarismo, insensatez y ahora rendición a los mercados no son más que una muestra de un pollo mareado que rueda sin cabeza, que no ve y que ha dilapidado todo aquello que defendió en el pasado, su inconsistencia le puede costar cara salvo milagro. En medio de ese desencanto, de socialistas ciegos que se empeñan en defender lo indefendible navega el país, lo malo que es Zapatero no hace bueno a Rajoy, pero la inutilidad de Rajoy tampoco hace llevadero Zapatero. Así que rodeado de ese reflejo, la sociedad se asienta sobre un espejo que traslada una imagen tormentosa, plagada de la vacuidad más profunda, y con un nivel subrepticio de inteligencia en la mayoría de la adormecida sociedad. El conservadurismo se adueña de muchos aspectos, y amenaza con ser lo dominante en estos años, es algo perceptible hasta en al arquitectura donde los anclados al pasado y devotos de unas épocas, loables sí, pero superadas, no ven más allá de la idea del arquitecto renacentista y constructivista., y todo esto en gente de mi edad y no en viejos catedráticos. El miedo al riesgo, a la innovación es el triunfo de lo seguro, de una mediocridad convertida en dogma, y lo peor de esos dogmáticos es su incapacidad para ver más allá, hacen de su incapacidad visionaria la norma para convencer de que la inmovilidad es el camino.

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