lunes, 13 de julio de 2009

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El tuenti a veces se convierte en una ventana a otras vidas de las que sabes poco excepto las fotos que salen destacadas cuando alguien las sube. Tengo entre mis amigos -si atendemos a la definición de El Jueves de que un amigo en estos sitios es una persona que ha pasado a menos de 100m de ti- a un chico tremendamente enamorado de sí mismo que parece llevar a un paparazzi continuamente a su lado, resulta algo enfermizo pero al menos el chico es casi guapo, el resto lo tendría que evaluar un psicológo. Pero tengo también a un chico de 20 años que parece tener 30 y que reúne en cada foto lo peor del mal gusto, se saca una foto cada vez que él cree que hace algo digno de ello, de lo cual creo que sólo excluye sus vistas al baño, y para colmo es feo.

Ser moderno siempre tiene una frontera peligrosa en donde la modernidad pasa a ser ridícula, al contrario del otro enamorado de sí mismo que siempre está impecable en su rollo neopijo, este mezcla pantalones de colores, con camisetas de Custo con Rayban blancas, todo vale, incluso un bolso de Tous como complemento. Y uno mira las fotos y no puede más que pensar en lo engañado que está ese chico, sientes hasta pena pero oye, lo mejor de todo es ser capaz de hacerte fotos y colgarlas porque te ves bien. La distorsión de nuestra propia realidad es la única salida a veces cuando esa realidad desprovista de nuestros mecanismos de defensa nos enseña algo que no queremos ver, el problema de las realidades paralelas es que no todo el mundo las ve, a veces uno mira y sólo ve lo que hay y es tan feo que desería participar de las realidades alternativas.

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