jueves, 15 de abril de 2010

Volatilidad Emocional.



Quizás debería empezar diciendo que esto no se basa con ninguna historia real, para prevenir de las posibles interpretaciones, pero la verdad me da un tanto igual. Porque al final todos, bebemos de esas historias que nos van salpicando, si merece la pena o no dedicarle palabras a algunos es harina de otro costal. Pero en ese tablero de ajedrez que configura la sinceridad y que se basa en jugadas estratégicas que al final tienen como objetivo un derrumbe progresivo del otro y la estocada final, conviene dejar muy claro que es mil veces preferible una persona educada que una sincera. Y es sencillo de entender, un educado podrá pensar lo mismo que el otro pero no te dará esas sensaciones de incomodidad que provocan abiertamente los bocazas, que al modo más chabacano defendido por los Grandes Hermanos creen que ser sinceros y dejar que las palabras salgan directamente del cerebro es una gran cualidad. Esa virtud que además se traduce en una carga negativa casi constante y que se sorprende cuando tú eres igualmente sincero, es una característica clara de los caprichosos, de las personas con una sensibilidad emocional escasa y con una personalidad de ego estratosférica que puede o no esconder inseguridades mayores. Eso lo tendrían que determinar los psicólogos, lo que si es claro es que ser sincero no exime a nadie de las reacciones del resto, se puede decir lo que se quiera pero del mismo modo hay que tener la madurez suficiente para aguantar la respuesta, y ahí es donde suelen quedar descolocados porque nadie les ha dicho que la sinceridad puede ser de ida y vuelta, y acostumbrados a apabullar con sus observaciones casi nunca tienen la oportunidad de experimentar en sí mismos esas verdades que tanto gustan de usar.

Y por si no fuera poco esa gran sinceridad suele ir combinada con una volatilidad emocional igualmente preocupante. Ahora sí, ahora no, nadie puede ignorar que las realidades son cambiantes y que se transforman, pero no parece muy sensato pasar del casi decir ‘te quiero’ a la desidia absoluta, como no es subir y acabar en una espiral desbordada de ilusión para acabar rectificando drásticamente sin mucha explicación. Eso sólo demuestra una cosa, que tan volátil es una cosa como la otra, y la volatilidad va emparentada directamente con la gente tormentosa e inmadura de la que conviene huir. Son fáciles de reconocer, dirán cosas guays en poco tiempo que se esfumarán con la misma rapidez, prometerán la luna pero al final sólo te darán un caramelo sin sabor, y podrán pregonar a los cuatro vientos muchas cosas que ni sus amigos creerán que has llegado para quedarte. Si lo detectas puedes casi irte, no por cobardía sino porque delante de ti tienes algo que no merece la pena. Esta claro que en mi caso esa combinación con mi impaciencia y a veces, exagerada sensibilidad para todo no ayuda, pero esos volátiles emocionales son expertos en no ver la gran viga que atraviesa su propia cabeza. Cuanto más lejos mejor.

Auuch

2 comentarios:

supervaga dijo...

Absolutamente de acuerdo y sobretodo con la idea de que siempre debería prevalecer la educación por encima de la sinceridad, aunque el no tener en cuenta la reacción y los sentimiento del otro es algo que va mucho con las nuevas generaciones y diciendo esto posiblemente esté echando tierra sobre mi propio tejado.
Supongo que con el tiempo, palabras como 'empatía' irán desapareciendo de los diccionarios.

Moody dijo...

"[...]prometerán la luna pero al final sólo te darán un caramelo sin sabor, y podrán pregonar a los cuatro vientos muchas cosas que ni sus amigos creerán que has llegado para quedarte".

Nadie podría habero dicho mejor.
Y bueno, por supuesto la educación es el buen saber de hacer las cosas, pero hay ocasiones en las que la educación exige sinceridad ante situaciones insostenibles. Eso sí, esa sinceridad es un arma de doble filo si no se transmite con la debida educación y tacto.
Saludos.