domingo, 11 de mayo de 2008

Buda explotó de vergüenza - Crítica.



Busco mi final feliz…

Hay películas que harían las delicias de la pose, de los gafapasta, de todos los que ven el cine como un medio de lucimiento intelectual…La que pude ver ayer es una de esas con muchos elementos independientes que la hacen carne de cañón para los clichés indies: versión original en persa, niña pobre y Afganistán como telón de fondo. Mucho para quienes puedan tener de Biblia suprema a la superficialidad extrema.

En esta película lo mejor es adentrarse, dejarse atrapar pasados unos minutos por la mirada de esa niña resuelta, que de repente parece una señora andando con su bolso, que parece querer recorrer medio mundo con el único objetivo de aprender algo en la escuela. Con frases evocadores como ‘en la escuela no me han enseñado nada, todo lo que aprendido yo’ o ‘para ser libre tienes que morir’, el filme hace un recorrido con crueldad infinita poniendo el ojo en lo que la guerra genera, que es básicamente odio, odio en los niños, en la forma de relacionarse…Dogmatismos creados por fanáticos que olvidan la razón y se centran en demonizar, una forma más de imponer una sola forma de entender la vida. El Islam en su forma más radical, y el Catolicismo tienen muchas más cosas en común de lo que parece, comparten ese afán de maquillar su pretendida búsqueda de la salvación con un imperturbable recorte de libertad.
Los talibanes huyen de la verdad incómoda, no quieren cultura, quieren mantener al pueblo reprimido, por eso conmueve y mucho ver a una niña revolucionaria, encantada de ir a la escuela, de pintarse la cara, de romper esos moldes que la mayoría acepta con resignación. Buda explotó de vergüenza, es un caramelo que te hace despertar y que hace soñar con un final feliz. 8

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