jueves, 19 de marzo de 2009

Los abrazos rotos

Las imágenes se traducen a veces en mareas de emociones capaces de cortocircuitar el cerebro y dejarlo anulado, pensativo capaz de ver sólo aquello que ha captado su atención. Por momentos no pude más que forzar a mi cuerpo a que no derramará una lágrima, seguramente y como siempre influye mi estado personal pero conseguir que una escena te taladre y como una bala golpea la columna vertebral de tus emociones es algo que pocos directores de cine pueden conseguir. Ese calambre que he sentido a lo largo de todo mi cuerpo me mantuvo en tensión emocional durante toda la película, pasando de esa lucha por evitar el derramiento de agua, a algunas risas entrecortadas, a la consciencia de lo bellas que resultan algunas imágenes. En está película como en pocas me he dado una cuenta de la fuerza innata de una imagen para decirlo todo, un cuerpo reflejado en la pupila de otro que mira, unas imágenes rotas que son capaces de contar la película por sí sólas, evidencia de lo roto, de quien lo rompió, de los restos que quedan, de esa memoria que desmemoriamos con la vana idea de hacernos más pasables los días, de comernos un rencor creciente que explota y que termina por necesitar explicaciones.

El mundo está demasiado lleno de abrazos rotos, roturas que hacen destrozos en nuestro destrozado cerebro que va guardando cada uno de esos fragmentos que vamos acumulando, que vamos creando con nuestro propio puzzle de sensaciones...Lo que percibimos, lo que intuímos, la complicidad en las escenas, la fuerza de los planos, la facilidad para el salto emocional, todo esto y mucho más es lo que tiene una película que tiene la genialidad adecuada.
8,5/10

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