domingo, 9 de agosto de 2009

El espejo.



La mayoría de las veces no vemos quienes somos ante el espejo, vemos lo que queremos ver en ese espejo, y los demás ven a su vez una parte a través del espejo, el retrato de nuestro verdadero 'yo' permanece oculto en nuestra maraña de secretos, desconocida para algunos y parcialmente sabida por otros, una red que nos protege y que difícilmente deja escapar muchas intenciones, y sí lo haces eres un torpe. Dorian Gray ya probó esas deformaciones, esos pecados, esa visión que lo aterrorizaba y destrozaba su belleza desde el interior, pero ¿qué verían algunos si el mismo hechizo fuera posible?

Una líder conservadora vería ahora en ese espejo a un ser revolcándose en el barro, estaría acompañada por lombrices que se irían colando por todas las partes de su cuerpo, al final el resultado sería un cuerpo descompuesto pero que guarda su forma, un saco de basura humano, una descomposición atroz, y uf! antes de una iniminente boda. Esa es la imagen de quien espera un día ser como mínimo ministra pero no duda en cargarse todo el estado para tapar la corruptela de su partido.

Otro ser cercano acabaría viendo en el espejo la imagen de la dependencia, una bruja lo acompañaría siendo él un perro. El miedo a la soledad, el horror a enfrentarse al luto, la crueldad del tiempo, y la desesperación de un cobarde convertido en inepto, en una sombra alicaída que repta entre sus errores, incapaz de reconocerlos, incapaz de reconocer la falsedad de quien lo rodea.

Sí, el juego de los espejos es cruel, pero todos formamos parte de él. Aprovecho para recomendar el libro de Oscar Wilde 'El Retrato de Dorian Gray'.

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